El colmo del reciclaje: paneles solares con latas de refresco

Leyendo por Internet noticias sobre energías renovable, he encontrado esta sobre un canadiense que utilizando la imaginación ha creado una empresa bastante lucrativa que recicla latas de refresco para la construcción de paneles solares para agua caliente y calefacción.

Este emprendedor canadiense se llama Jim Meaney y desde el pasado año se ha hecho famoso por reutilizar las latas de refresco y cerveza de aluminio para generar energía solar térmica de uso doméstico.

Estos paneles solares, evidentemente, no tienen la potencia de unos paneles industriales pero cumplen perfectamente su misión de ser un método complementario a la calefacción tradicional.

Estos paneles solares están compuestos por latas de aluminio agujereadas y ensambladas para crear circuitos que permitan viajar al aire por el interior. Para una mayor acumulación de radiación solar, las latas han de estar pintadas de negro.

Las latas son introducidas dentro de una estructura cubierta por vidrio abombado y de esta manera se forma el panel que caliente el aire interior. Cada panel, compuesto por 240 latas de aluminio, calienta aire y según Jim Meaney, 15 minutos de luz solar por hora pueden mantener una temperatura de confort en una vivienda de hasta 300m2.

La idea es muy buena pero estos paneles de latas recicladas son algo caros, ya que la empresa creada por este canadiense, CanSolair, cobra 2.700$ por panel.

Ojeando por Internet, he visto que en muchas páginas están practicando el “hágaselo usted mismo” y te muestran como convertir unas cuantas latas en un panel solar. Por supuesto, la capacidad y la eficacia no es la misma que la de CanSolair ya que el panel hecho por nosotros no es más que un calentador solar, que sirve para calentar un espacio cerrado y pequeño, del tipo de una habitación o un garaje.

Aunque la diferencia de precio es tan radical que puede merecer la pena construirte uno para cada habitación. Sólo es cuestión, de tiempo, paciencia y algo de maña.

Hay que reconocer que este invento supone un importante ahorro energético, económico y de emisiones de CO2. Si pensábamos que una buena forma de reciclar las latas era tirarlas al contenedor amarillo, ya vemos que nos quedamos cortos.

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