Milagro energético en Dinamarca

Hans Christian Sorensen pasea orgulloso bajo una de sus mejores obras, el parque eólico frente al puerto de Copenhague. Este ingeniero danés comenzó hace 13 años a convencer a sus vecinos para que fundaran una cooperativa e instalaran molinos en el mar. En otro lugar, la empresa de Sorensen estaría condenada. Pero en no en Dinamarca. “Hoy tenemos 8.553 cooperativistas que poseen la mitad de los 20 molinos. El resto es de una eléctrica. Así conseguimos electricidad y algún dinero”, explica Sorensen en el barco junto a los molinos, que producen el 3% de la electricidad de la capital danesa. Sorensen es sólo una de las caras del milagro energético danés.

Anne Hogge Simonsen recuerda que cuando era pequeña los domingos estaba prohibido usar el coche. La crisis del petróleo de los setenta noqueó Dinamarca. En 1979, el Parlamento decidió que no volvería a ocurrir, que la mejor energía es la que no se usa. Simonsen es subdirectora de la Agencia Danesa de la Energía y se muestra orgullosa de los datos que exhibe: “No es que seamos buenos produciendo energía. Es que también lo somos no consumiéndola”. Los números son impresionantes: “El PIB ha crecido un 78% y nuestra demanda de energía es la misma que en 1980 y no importamos nada”. Sus emisiones han caído un 8,4% desde 1990, aunque le costará llegar al objetivo del 21% en 2012.

La política danesa ha sido clara. Y dura: “No nos ha importado dirigir el sistema energético. Subimos el precio de la electricidad y pusimos multas a las empresas por consumo excesivo de energía. Si presentaban proyectos de ahorro se les devolvía el dinero para esos proyectos”, explica.

Además, Dinamarca abrió sus yacimientos del Mar del Norte de gas y petróleo -ya están decayendo- y distribuyó la generación: “Teníamos grandes plantas de carbón. Acercamos la producción de los centros de consumo. Pusimos plantas combinadas de calefacción y electricidad junto a las ciudades. Todas las casas estaban obligadas a conectarse y está prohibida la calefacción eléctrica. Sólo así no penalizas a los pioneros que apuestan por combustibles menos contaminantes”. La basura, una vez reciclada, se quema para generar electricidad. Con los cuatro kilos que un hogar produce al día se calienta una casa durante cinco horas y da electricidad para cuatro.

Quedaba el transporte, el consumo más complicado de atajar. “Los coches tienen un 75% de impuestos y uno familiar cuesta unos 50.000 euros. A cambio, pusimos carril-bici”, explica Simonsen. El resultado es un hormiguero constante de bicicletas. Por Copenhague, señores, señoras, jóvenes y niños, pijos y macarras van en bicicleta. Aunque nieve o caiga la lluvia fina que durante días envuelve la ciudad, la mitad de sus habitantes va al trabajo pedaleando. Anne recorre así cada día los ocho kilómetros de casa al trabajo. “Tardo media hora porque no corro demasiado para no llegar acalorada. En coche, con tráfico, son 25. No hay diferencia”.

Para cuadrar el círculo, el país apostó por las renovables. Hoy está lleno de molinos, tiene una potencia instalada en tierra de 2.760 megavatios -proporcionalmente a su territorio 1,8 veces más que España- y es líder en eólica marina con 632 megavatios. En los años ochenta, los molinos eran el símbolo de la resistencia antinuclear danesa, que no tiene ningún reactor. “Hoy las renovables cubren el 18% de la demanda de energía y el 28% de la electricidad”, explica el presidente de la Asociación Danesa de la Industria Eólica, Jan Serup Hyllberg. España, que es, junto a Alemania, el único país que se acerca en renovables, acabará el año con un 12,1% de energía verde.

Una de las ventajas de Dinamarca es que tiene la red eléctrica integrada con sus vecinos. Si sopla mucho viento lo puede exportar todo. Si no sopla (algo inusual en el Mar del Norte) no hay riesgo de apagón. Puede importar hasta el 80% de su máximo de demanda. Esto facilita la gestión. España sólo puede importar o exportar el 3% de su pico.

La industria danesa de renovables conquista el mundo. Anders Soe Jense, presidente de Vestas Offshore, también saca pecho: “La empresa nació en 1985 y hoy uno de cada tres aerogeneradores del mundo es nuestro”. LM Glasfiber, otra empresa local, es el mayor fabricante de aspas para molinos del mundo.

Limpio y Rentable

- Inversiones. Dinamarca destina alrededor de 400 millones de euros al año en primas a las energías renovables, una cifra tan elevada como rentable.

- Exportaciones. La industria eólica representa unas exportaciones de 9.000 millones de euros. Es una actividad en imparable crecimiento, que da empleo a unas 20.000 personas. El sector energético representa, en total, más del 10% de las exportaciones.

- Emisiones. El país planea suprimir totalmente las emisiones de CO2 en 2050.

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